viernes, 18 de junio de 2010

¿Cuándo es "LA" oportunidad?

Ayer escribí en una red social un nick que me dejó pensando. En esa introspección me dí cuenta de que podía ampliar y clarificar aún más la frase y eso es lo que pretendo hacer en esta nota.

El texto es el siguiente:

Las personas pedimos oportunidades y hasta rezamos por ellas. Lo interesante es que nunca sabemos cuando se presentará o cual es "LA" oportunidad. Por eso, estar preparado, prestar atención, aceptar invitaciones, mantenerse en movimiento, capacitarse, mantener la humildad para aprender y mirar un poco más allá es fundamental.

Para ser un poco más preciso, voy a desmenuzarlo por partes, para ampliar mi perspectiva.

“Las personas pedimos oportunidades y hasta rezamos por ellas”
¿Cuantas veces rezamos, pedimos o esperamos una oportunidad? Y yo me pregunto: ¿con que autoridad decidimos cuál es o donde va a presentarse? Porque, por lo general, nos damos cuenta de que la oportunidad fue tal, después de acontecido el evento. Ahora, ¿a cuantos eventos decido no ir o dejar de lado por la razón que fuere? Y por otro lado: ¿No sería más interesante buscar concientemente las oportunidades en lugar de esperarlas?

Lo interesante es que nunca sabemos cuando se presentará o cual es "LA" oportunidad.
Muchas veces he decidido no ir a lugares o no tomar ciertos cursos por esto o aquello y luego me enteré de que en ese lugar o en ese curso se había presentado una oportunidad que hubiera sido interesante para mi o que el tema del que hablaron era lo que yo esperaba. Otras veces por distraído, directamente no las vi o me dí cuenta que habia pasado cuando le veía la espalda. Muchos podrán estar pensando: si no estuviste es que no era para vos, y yo creo que eso es posible, pero también muchas veces es usado como excusa para no asumir la responsabilidad de no haber hecho nuestra parte.

Veamos ahora la última parte del texto en la que hablo de lo que considero efectivo hacer, para preveer las posibles situaciones que pueden ser consideradas oportunidades después.

Estar preparado: Con esto me refiero a tener la mente y el corazón abiertos para poder reconocer los posibles eventos que pueden apoyar mi intención o deseo.

Prestar atención: Prestar atención a las diferentes situaciones o combinaciones de acontecimientos que me pueden acercar o alejar de mi oportunidad. Inclusive prestar atención a las actitudes que tengo para con los demás. Nunca sabemos quien nos esta viendo en cada momento y mucho menos, como afectarán mis actos en esas personas que luego pueden convertirse en la conexión que nos abra la puerta esperada.

Aceptar invitaciones: Definitivamente hay muy pocas probabilidades de que una oportunidad toque a tu puerta y te avise: “Soy TU oportunidad”. Entonces, es importante aceptar invitaciones a reuniones sociales, visitas, cursos, charlas, obras de teatro o lo que sea que nos dé la posibilidad de relacionarnos y aprender o descubrir cosas nuevas.

Mantenerse en movimiento: Esto tiene que ver con no quedarnos estáticos o quietos. Cualquier cosa que quieras realizar o hacer en tu vida, va a requerir de acción y por consiguiente de moviendo. Entonces mantenete en movimiento y tomá acciones en línea con tus objetivos. Es simple frustrarse o enojarse porque las cosas no suceden a nuestro tiempo. ¿Pero que pasaría si en medio de tu enojo o frustración, aparece “LA oportunidad”? Seguramente tu mente esta diciendo ahora mismo, obvio que la aprovecho, pero busca mas profundo y fijate cuantas oportunidades en el pasado puede que no hayas aprovechado por estar enojado o sentirte desilusionado.

Capacitarse: Toma cursos, anda a charlas, hace entrenamientos, levantá la mano primero, aprendé cosas nuevas, pasa al frente, dá la lección, capacitate en diferentes áreas. No sabemos donde esta la oportunidad, con lo cual, mejor hacer todo lo que este a nuestro alcance y a veces hacer un esfuerzo extra e ir por lo que nuestra mente dice es inalcanzable. Tal vez la persona que puede darte el papel protagónico en la obra de tu vida, este en el curso de chef al que no te anostate o en el entrenamiento al que no fuiste por esto o aquello.

Mantener la humildad: ¿Te diste cuenta lo soberbios que podemos ser a veces? Decimos cosas como, este curso no es para mi, hago el próximo. Hoy no, mañana. Mejor me quedo un rato más en la cama, total hay tiempo, en otra oportunidad, esta información ya me la se y muchas otras frases por el estilo. Como si fuera seguro que va a ver otra "oportunidad". Permitime decirte algo basándome en mi experiencia, si bastara con saberlo intelectualmente, no existirían los gimnasios. Mucha de la gente con la que trabajo me dice: que increíble, esto que me decís lo leí un montón de veces pero nunca logre llevarlo a la acción. Es que hay una gran diferencia entre saberlo y hacerlo. Y para cerrar este punto una pregunta: ¿Cuándo decimos: en otra oportunidad, no estamos dejando pasar "una" oportunidad por la que tal vez estuvimos rezando?

Mirar un poco más allá: Mantener la mirada estratégica presente. Mirar un poco más allá tiene que ver en parte, con la paciencia. Las cosas que queremos van a llegar, el tema es el cuando. Entonces si tuviste la reunión soñada y todavía no llegan los resultados, se paciente mira un poco más allá… ¿cuantas veces te diste cuenta, antes, de porque pasaba tal o cual cosa? La respuesta es simple, muy pocas. Entonces sé paciente, mira bien, abrí tus ojos, tu corazón, tu cuerpo, abrí todo. Porque solo abriéndote a las oportunidades las mismas aparecerán con claridad.

Cuando era chico escuche muchísimas veces, el tren pasa una sola vez en la vida. ¿Y sabes qué? Esto en mi vida fue falso. Las oportunidades se presentaron a cada momento por todas partes.

Siempre que estemos en moviendo, estaremos en el lugar adecuado en el momento justo.

Espero haber conseguido mi objetivo y que te haya sido útil esta nota
Un abrazo grande de mi parte
Luis Sabbi

lunes, 14 de junio de 2010

La importancia de las decisiones en en el éxito

Uno de los grandes aprendizajes que proporciona el coaching es que la clave para una vida más plena y satisfactoria reside en la posibilidad de elección. En la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de escoger y decidir lo que queremos ser y hacer en nuestra vida.

Frecuentemente vemos personas que se quejan de la situación en la que viven. Se sienten pobres víctimas y creen que no pueden hacer nada para cambiar esa situación que los hace tan infelices. Y una vez que se ponen en marcha, (si es que lo hacen) buscando y estudiando posibles alternativas viables que les permitirían terminar con esa situación, deciden quedarse exactamente donde y como están. A pesar de que deciden no introducir ningún cambio sustancial en su situación y en su vida, se sienten mucho mejor que antes de realizar ese trabajo de búsqueda y exploración. La diferencia entre el antes y el después estriba precisamente en la palabra “deciden”. Se quedan donde están porque, después de analizar posibilidades, deciden que la vida que tienen es la mejor y no porque crean que no les queda más remedio, que no pueden hacer nada por cambiar, que “eso es lo que hay”.

El aprendizaje de todo esto reside en la importancia de poder elegir, de sentir que podemos ser dueños de nuestro propio destino. Que podemos elegir de acuerdo con nuestros valores y no con lo que la sociedad, la educación o nuestro sistema de creencias nos obligan a elegir. La frustración y el descontento surgen cuando, frente a una situación determinada, creemos que no podemos cambiar nada, que no podemos tomar ninguna decisión, que no tenemos opción.

Hay otro tema interesante relacionado con el Logro de éxito. Cada vez veo más a menudo personas que deciden introducir un cambio fundamental y radical en su trayectoria profesional y por tanto vital. Imagino que en un principio, su meta era hacer una carrera brillante en sus ámbitos respectivos tal y como se les había inculcado toda la vida desde alguna alta instancia.

A lo largo del camino probablemente su definición de éxito personal cambió radicalmente. Cuando hacen “un alto en el camino” y se paran a analizar todo lo que tienen que invertir en sus trabajos y lo que obtienen a cambio, no les salen las cuentas y deciden cambiar o variar el rumbo, de manera que los resultados sean satisfactorios. Lo que antes significaba para esas personas tener éxito ya no les motiva a continuar por ese camino. Se dan cuenta de que el precio que estaban pagando era demasiado alto. En ese momento buscan una definición de éxito que incluya sus deseos y sus valores, que integre aspectos de la vida esenciales para ello como por ejemplo ayudar más directamente a los demás, tener más equilibrio entre vida familiar y profesional o sencillamente montar su propia empresa para dar vida a un antiguo sueño.

Cuando se lleva a cabo este cambio de trayectoria, en algunos casos lo que se busca es dedicar menos tiempo y esfuerzo al trabajo para dedicarlos a otros temas importantes; en otros se busca obtener más satisfacción personal con respecto al contenido del trabajo, aun a costa de la remuneración; y en otros lo que se busca es conseguir ganar más dinero que antes.

Pero en todos los casos esas personas eligieron no “resignarse” con su situación y su descontento, y se pusieron manos a la obra para cambiarlo. Una vez que se dieron cuenta de que lo que habían conseguido no les estaba proporcionando la felicidad y satisfacción esperadas, decidieron arriesgarse y perseguir una nueva visión del éxito más adecuada a sus deseos e inquietudes personales. Una definición totalmente personalizada del éxito para ellos.

Reflexiones

¿Cuál es tu definición de la palabra éxito?

Si tuvieras garantizado el éxito. ¿Qué te gustaría hacer en tu vida?

¿Qué significa tener éxito para vos?

¿Qué te impide conseguir el éxito en tu vida?

¿A donde te lleva el camino que estás siguiendo ahora mismo? ¿Es ahí a donde querés llegar?

¿Qué precio crees que pagarías si renunciaras a tu propia definición de éxito?

¿Realmente querés Lograr Éxitos?

¿Qué estás dispuesto a sacrificar por lo que decis querer?

martes, 20 de abril de 2010

Éxito. ¿Mito o Realidad?

La revolución más grande de mi vida es la de que los individuos pueden cambiar los aspectos externos de su vida cambiando las actitudes internas de su mente.
William James

Durante décadas, muchos seres humanos nos hemos preguntado: ¿cuál es la diferencia entre una persona que obtiene resultados, es decir, éxito, y una persona que no los obtiene?

Ésta, en sí misma, es la pregunta esencial: ¿existe una diferencia entre una persona que tiene resultados y una persona que no los obtiene, y esta diferencia es a su vez codificable?


La respuesta indudablemente es sí, si existe la diferencia que hace la diferencia.

Aunque todas las personas tenemos la misma neurología, es decir, exactamente el mismo sistema nervioso, evidentemente lo utilizamos de manera diferente.

Einstein decia: Todos somos ignorantes, solo que ignoramos cosas diferentes, o algo muy similar.

Dentro de todas las corrientes psicológicas que existen actualmente para describir concretamente los pasos que sigue una persona que tiene resultados, sin lugar a dudas la PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA es la que más fácilmente explica el qué, y el cómo específicamente se pueden obtener resultados sobresalientes.

Esta tecnología desarrollada en la década de los setentas por el lingüista JOHN GRINDER y por RICHARD BANDLER, nos permite actualmente conocer paso a paso el camino de un proceso llamado "modelado" que nos permite incorporar en nuestra neurología los patrones de excelencia que están utilizando la personas que tienen éxito en algún área de su vida.

Actualmente hay escritos muchísimos libros acerca del funcionamiento de la mente inconsciente, así que sólo de manera breve diremos que llamamos inconsciente a la parte de tu cerebro que está realizando las funciones de las cuales vos no te das cuenta, es decir, las cosas que suceden dentro tuyo sin que vos intervengas para que esto ocurra.

Un ejemplo que lo explica de manera simple, son las funciones que tenemos tales como: el parpadeo, la respiración, el funcionamiento de nuestro aparato digestivo, etcétera, y que ocurren sin que nosotros estemos conscientes de ello; es decir, si yo le pregunto a una persona ¿cuántas veces parpadeaste en el último minuto?, lo más seguro es que me conteste: “no tengo la menor idea”, desde luego, esto se debe a que es un acto inconsciente. Lo mismo sucederá si le preguntamos a la misma persona ¿cómo ha funcionado tu riñón derecho en el último minuto?, y es claro que también nos dirá “no tengo la menor idea”. Así pues, la mayoría de las funciones que realiza nuestro cuerpo están reguladas por nuestro cerebro, pero nosotros no tenemos acceso a controlar la mayoría de ellas, es decir, estas funciones ocurren de manera inconsciente.

Así tenemos entonces que del 100% de nuestro cerebro prácticamente el 95% es inconsciente y solamente el 5% sería el consciente, es decir, del 100% de las funciones que realiza nuestro cerebro, el 95% de ellas ocurren sin mi control. De manera tal que no nos damos cuenta de que está sucediendo, y es ahí exactamente donde radica la diferencia que hace la diferencia.

Las personas que tienen resultados sobresalientes (éxito), normalmente utilizan de una manera más apropiada esta parte del cerebro llamada mente inconsciente, lo que significa que tienen grabaciones que se han improntado, es decir, grabado y creado a través de los años, y esto les permite enfrentar la vida de una mejor manera. Mientras que las personas que no obtienen los mismos resultados, no están utilizando los mismos circuitos neuronales, ya sea porque estos circuitos neuronales no existen en su neurología, o bien, porque simplemente están haciendo uso de otros distintos en su cerebro.

Esto ocurre involuntariamente ya que estas grabaciones disponibles en nuestra mente inconsciente son el resultado de nuestra historia. Muchas de ellas han sido instaladas en nuestro inconsciente especialmente en las etapas primarias, es decir, en nuestra infancia, generalmente por nuestros padres, maestros y otras personas que hayan tenido una influencia significativa en nuestras vidas. Así entonces estas personas a las cuales llamamos "triunfadores" son el resultado de los archivos disponibles en su mente inconsciente, y que están utilizando de manera automática para enfrentar los retos que encuentran día a día en su camino.

¿Cómo ocurre esto?

Nuestro cerebro trabaja por impulsos eléctricos y por el uso de unos bioquímicos llamados neurotransmisores y de esta manera la información acumulada en nuestras neuronas está disponible.

Si recordamos, la velocidad de la electricidad es de aproximadamente 300,000 kilómetros por segundo, es decir, prácticamente la distancia de la tierra a la luna en sólo un segundo. Ahora piense qué distancia existe entre su frente y su parte occipital, jamás será superior a 30 centímetros , entonces, si un impulso eléctrico puede recorrer prácticamente 300,000 kilómetrosen un segundo, ¿cuánto tiempo llevará a este impulso eléctrico recorrer tu cerebro?

La respuesta es: aproximadamente una diez mil millonésima de segundo, esto significa que tu cerebro es capaz de acceder a 10 mil millones de archivos en un segundo a nivel inconsciente, mientras que a nivel consciente, en un segundo prácticamente es imposible recordar nada.

Todos conocemos personas que han estado cerca de una experiencia de muerte y casi siempre comentan que transcurrió su vida en un segundo, y esto es correcto, ya que como sabemos nadie de nosotros ha vivido todavía 10,000 millones de segundos, así entonces, es impresionante descubrir que prácticamente toda nuestra vida está disponible para nuestro cerebro en tan sólo un segundo.

Tenemos entonces a aquellas personas que realizan una actividad con excelencia y están teniendo de manera automática acceso a millones de circuitos neuronales llamadas experiencias, y hacer una selección de cuál de ellos es el más adecuado para enfrentar la circunstancia específica en cada momento.

Por esto decimos que la calidad de tu vida está relacionada con la calidad de tus pensamientos, ya que si has logrado colocar en tu mente inconsciente información de calidad, esta información siempre estará disponible para ti en muchísimo menos de un segundo.

Ahora bien, ¿cuál es el criterio que va utilizar tu cerebro para determinar cuál de esos circuitos neuronales, también llamados experiencias, es el más adecuado? La respuesta es sencilla y se llama programación.

Al igual que una computadora, nuestro cerebro utiliza un programa, sin embargo, también por un error de semántica hemos cometido una falta al pensar que programar es manipular. Mucha gente confunde esto y tiene miedo de acudir a un seminario en donde aprenderá a programar su mente, ya que algunos creen que esto significa que alguien va a entrar en su cerebro y manipularlo, es decir, existe la creencia de que si vamos a programar el cerebro de una persona estaríamos entonces manipulando a ésta y que entonces quedaría prácticamente convertido en un robot.

Nada más falso. Cuando tú juegas ajedrez en una computadora lo que la computadora hace es utilizar un programa que también se conoce como un software. Este programa lo que va a hacer es buscar en sus archivos las estadísticas de los grandes campeones de ajedrez que han sido instaladas por la persona que ha creado el programa (generalmente un ingeniero en sistemas computacionales); esto quiere decir que el inventor del programa ha incorporado las estadísticas de lo que hacen los grandes campeones de ajedrez cuando enfrentan la misma jugada durante algún torneo.

Una vez instalada esta información en el archivo de la computadora, entonces la computadora creará las distintas opciones. Esto significa que creará un diagrama de lo que ocurriría si respondiera a esa jugada con el archivo del campeón No. 1; después, de igual manera, lo hará con el archivo del campeón No.2 y así sucesivamente. Entonces hará unos cálculos y creará un árbol de probabilidad de decisión y asignará una ponderación matemática a cada una de las ramas de ese árbol y en base a unas ecuaciones llamadas inversa de la matriz cuya base son los ceros y los unos, determinará cuál de las jugadas tendrá mayor probabilidad estadística de éxito, y esta será la opción que seleccionará, de manera tal, que un programa es un sistema para ir a buscar en un grupo de archivos y determinar cuál de ellos tienen mayor probabilidad de éxito.

Entonces un programa, en el caso de un ser humano, significa buscar en tus archivos cerebrales y determinar cuál de ellos te permite enfrentar de una mejor manera cada situación.

En el caso de la computadora, como lo hemos explicado anteriormente, el criterio de selección siempre es matemático, es decir, cuál es la probabilidad estadística de éxito y los resultados de ciertas ecuaciones que así lo determinen, sin embargo, en nuestro cerebro el criterio de selección sobre cuál archivo se va a seleccionar, siempre lo será el instinto de conservación, es decir, la supervivencia.

Ya que nuestro cerebro tiene como función primordial mantenernos vivos, entonces por sí mismo ya está programado para elegir la mejor opción para la vida.

Una vez que hemos entendido esto, la siguiente pregunta que surge es: ¿cuál es la razón por la que algunos cerebros están haciendo una selección diferente, y que en algunos casos llamaremos equivocada?, ¿es acaso que nuestra computadora ha sufrido algún desperfecto?

O bien, ¿sucede que algunos seres humanos poseemos un mejor cerebro que otros?

¡Por supuesto que no! Lo que ocurre en estos casos es algo similar a lo que sucedería en una computadora. Si el inventor de un programa instalara archivos de baja calidad, es decir, no las estadísticas de las jugadas de los campeones mundiales de ajedrez, sino las estadísticas de personas que juegan con baja calidad, entonces la computadora estaría utilizando un software que no contiene la calidad que necesita para enfrentar, de una manera adecuada, la partida de ajedrez y los retos que de esta se deriven, con una enorme posibilidad de perder.

Así mismo, una persona puede haber colocado en su vida archivos de baja calidad, y que son los únicos que están disponibles dentro de su cerebro para enfrentar los retos en el camino de conseguir sus sueños. Entonces las consecuencias serían que al no tener el cerebro disponibilidad de pensamientos, experiencias, e información, es decir, en una palabra, archivos de una excelente calidad, enfrentará la vida con un alto riesgo de perder al igual que la computadora la partida, sólo que en este caso no estaríamos hablando de una partida de ajedrez sino de perder lo mejor de tu vida.

Esto significa de una manera simple y sencilla que sólo tú has sido hasta este momento el creador del software de tu vida. Aunque también en este proceso has recibido la ayuda de tus padres, tus maestros y todas las personas significativas en tu vida.

Por supuesto que algunos de estos archivos que te han sido instalados en el cerebro no contaron con tu aprobación. Aceptando también que algunos de ellos son buenos y hay que darles continuidad, obviamente existen algunos archivos que hay que eliminar o cambiar y que puedes en cualquier momento, como lo hace un ingeniero en sistemas computacionales, cambiar cualquier parte del software, es decir, tú puedes en el momento en que lo decidas: convertirte en el ingeniero del sistema operativo de tu vida.

Fragmento extractado y corregido de una nota de Dr. Edmundo Velasco Flores sobre el libro “Activadores del Éxito” con autorización expresa del autor.

lunes, 29 de marzo de 2010

Nunca discutas con un...

Espectacular pensamiento, posteado por una amiga que hoy, quiero compartir con Uds.



Nunca discutas con un imbécil.
Tendrás que bajar a su nivel,
y una vez allí,
te ganará por experiencia.


martes, 23 de marzo de 2010

"Cambiar es incómodo, pero vale la pena" (La Nacion)

"Cambiar es incómodo, pero vale la pena"

Joe Dispenza (Diario La Nación)

"Cabalgamos montados en los hombros de un gigante, un poder interior inconsciente que hace que nuestro cuerpo realice las miles de funciones necesarias para sobrevivir ?sostiene el bioquímico Joe Dispenza, en diálogo telefónico?. Esa inteligencia profunda puede cambiar radicalmente nuestra actitud ante la vida e incluso, como en mi caso, sanarnos después de un accidente muy traumático."

Dispenza está doctorado en Quiropráctica por la Life University de Atlanta, es as autor de Desarrolle su cerebro, la ciencia para cambiar la mente y fue uno de los científicos consultados en la película ¿Y tú qué sabes? (What the bleep do we know?). En estos días llegará por primera vez a la Argentina, donde el viernes 26 y el sábado 27, en el hotel Panamericano de Buenos Aires, dictará un seminario sobre el tema Cambiar al yo.

En 1986, Dispenza tenía 23 años. Era un atleta y profesional exitoso y durante los tres primeros meses del año se había concentrado en una meta: participar en el triatlón (carrera, natación y ciclismo) de Palm Springs, el 12 de abril. "Disputaba la última prueba, ciclismo, cuando vi un destello que me pasó por el costado. Lo siguiente que supe fue que estaba volando, separado de mi bicicleta por un auto colorado todoterreno. Aterricé muy mal y después reboté y rodé de manera incontrolable hasta que apareció un Ford Bronco que aplastó mi bicicleta y estuvo a punto de atropellarme, pero la conductora frenó a tiempo y yo seguí rodando y rodando unos cinco metros más sobre el pavimento", recuerda.

Después de 20 minutos que le parecieron horas, una ambulancia lo llevó al hospital John F. Kennedy. El diagnóstico de los cuatro cirujanos que lo atendieron coincidió en que debía operarse inmediatamente para implantarle las barras Harrington, unas varillas metálicas de 30 centímetros que acompañaban el recorrido de la columna desde la base del cuello hasta la base de la columna. "Sabía lo que eso significaba, la posibilidad de vivir con una incapacidad permanente y, lo más probable, con un dolor constante. Pero sabía por mis estudios que a determinado nivel el cuerpo sana al cuerpo, que la manera como pensamos influye en nuestra recuperación y decidí ayudar a mi cuerpo a sanarse", agrega.

¿En qué consistía?

?Incluía una dieta adecuada, meditación, autohipnosis, flotar en una colchoneta. Y así, poco a poco comencé a nadar y a gatear imitando los movimientos de un bebe. A las nueve semanas me sentaba y nadaba perfectamente, y a las diez semanas me puse de pie y volví a mi trabajo. Pero lo fundamental: tenía una inquebrantable fe en mi recuperación. A causa de todos estos procesos decidí estudiar lo que denominamos remisiones espontáneas, personas que se habían curado cambiando su manera de pensar.

¿Qué descubrió?

Que compartían cuatro cualidades o creencias: primero, que existe una inteligencia superior innata que nos da vida y puede sanarnos; segundo, que los pensamientos tienen realidad y afectan a nuestro cuerpo; tercero, que podemos reinventarnos; y cuarto, que cuando meditaban o imaginaban estos temas podían perder completamente la noción del tiempo. Tradicionalmente, los neurólogos sostuvieron que la personalidad ya está formada antes de los 35 años y esto significa que tenemos los circuitos mentales definitivos, el cableado, y que hasta el fin de nuestros días vamos a pensar, sentir y actuar de la misma manera. Sin embargo, estudios recientes demuestran que siempre es posible cambiar la personalidad, en todas las etapas de la vida, no importa la edad.

¿Cómo hacemos para cambiar nuestra personalidad?

Debemos practicar lo que denominamos ensayo mental. Comenzamos por imaginar otra personalidad, nos reinventamos, y empezamos a actuar como si fuésemos de otra manera. Al hacerlo se crean nuevos circuitos mentales, los antiguos se silencian, y poco a poco vamos cambiando nuestra manera de ser. Resumiendo, nos conectamos con esa inteligencia superior innata y le cambiamos su programa, y al hacerlo cambiamos nuestro cerebro. Es un cambio muy profundo e importante y lleva tiempo.

¿Qué hacer si nos asalta el desaliento, el miedo?

Es muy posible que tengamos crisis, que de pronto nos asalte la idea de que todo ese esfuerzo no tiene ningún sentido, que es mejor volver atrás, a lo conocido, que, si bien no es óptimo, por lo menos es seguro. Pero eso no es algo nuevo, ocurre en algún momento de la realización de todo proyecto de cierta trascendencia, desde estudiar una carrera hasta cambiar de trabajo. Pero debemos aprovechar estas crisis como nuevas oportunidades para desactivar los mecanismos que impiden el cambio.

¿Qué pasa si no sabemos muy bien cómo queremos ser?

Podemos tratar de cambiar lo que no nos gusta de nuestra personalidad. Y así iremos vislumbrando y comprendiendo cada vez con mayor claridad cómo queremos ser realmente.

¿Una reflexión final?

A veces escucho que la gente quiere ser feliz, pero que no tiene constancia ni voluntad para realizar el esfuerzo que lleva al cambio. Realmente cambiar es incómodo, pero vale la pena. Hay que tener muy claro desde un principio que significa un esfuerzo, un esfuerzo de todos los días, de cada momento. La tarea es, ni más ni menos, desarmar un sistema de mecanismos automáticos que nos hicieron infelices durante años y reemplazarlos por otros que nos harán felices.

Espero les haya sido de utilidad

Luis Sabbi

Cuando el silencio deja de ser saludable (Mariela Golik)

Cuando el silencio deja de ser tan saludable

Mariela Golik
Para LA NACION

Recientemente la recesión económica, con los consecuentes cambios en las empresas, ha generado un fenómeno silencioso que habla por sí mismo: el silencio organizacional. En un contexto donde las reglas de juego cambian constantemente, la relación laboral que vincula la persona con la organización muta y se rompe el llamado contrato psicológico, transformando la tradicional queja de los colaboradores (voice) en silencio.

Prima facie, la expresión (voice) y el silencio son dos conceptos que se oponen. Mientras que el primero consiste en expresar los pensamientos, ideas, problemas, el segundo consiste en callarlos. Sin embargo, las últimas investigaciones demuestran que estos conceptos están estrechamente asociados ya que el silencio es una forma de expresión (Van Dyne et al. 2003; Bowen & Blackmon, 2003).

El silencio es costoso no sólo para el colaborador (desmotivación, falta de compromiso, resentimiento y cinismo), sino también para la organización (corte en las redes internas, retención de información, caída de productividad). Un estudio reciente, Silence Fails, demostró que el silencio provoca el fracaso del 85% de los proyectos ( www.silencefails.com ).

El silencio comienza cuando una persona elige no confrontar una diferencia y calla sus opiniones sobre los problemas organizacionales. Cuando esta elección es colectiva hablamos de silencio organizacional. Existen diversos tipos, como el silencio de aceptación, caracterizado por la ausencia de opinión y una actitud pasiva, de resignación y falta de compromiso; el silencio defensivo, que es, contrariamente, proactivo, deliberado, explicándose por el miedo a expresarse y a las repercusiones; el silencio prosocial, también proactivo, que consiste en callarse en beneficio de la organización o de algunos de sus miembros (Van Dyne et al. 2003).

El silencio organizacional es el resultado de ciertas creencias básicas que sostienen los managers, entre ellas, que los empleados se preocupan sólo por sus intereses y no son confiables, y que la jerarquía siempre conoce mejor los problemas. El manager asume el rol de dirección y sus subordinados, el de seguidores que no cuestionan. Otra visión señala que el consenso es signo de salud organizacional; ergo, el disenso debe ser evitado. Por último, el miedo de los managers a un feedback negativo. Cuando la información negativa proviene de abajo es vista como menos exacta y más amenazante para el poder.

Un alto porcentaje de empleados teme hablar de diversos temas (incompetencia de los jefes, equidad salarial, etcétera). Como en el cuento "El traje nuevo del emperador", de Hans Christian Andersen, los empleados conocen la verdad sobre ciertos problemas organizacionales, pero eligen no hablar. Muchas organizaciones envían el mensaje de que guardar silencio es la mejor manera de permanecer en la organización. Aquellos que expresan su opinión son castigados, despedidos o marginalizados, creándose normas tácitas que imponen el silencio.

Aunque no siempre se expresa, en todas las organizaciones existe diversidad de backgrounds, creencias y opiniones. En la película 12 hombres en pugna (Sydney Lumet, 1957), muchos miembros del jurado votan como el resto por el simple hecho de no ser diferentes.

Actualmente hablamos de organizaciones pluralistas como aquellas que valoran la expresión de múltiples perspectivas. La clave es crear en los managers la conciencia de que el silencio no es salud, estimulando un clima organizacional que transmita la creencia de que hablar será beneficioso y personalmente no costoso.