La intención de este Blog es publicar artículos relacionados a mi punto de viste (escritos por mi o por otros autores) sobre lo que es la efectividad personal y profesional, como así también sobre liderazgo y logros.
martes, 17 de julio de 2012
La familia del burro y la crítica
domingo, 10 de junio de 2012
Nuestra relación con la mente es como la de un jinete y su caballo

¿Realmente querés Eso que decis querer? Si tu respuesta es Si, mantené ese deseo 17 segundos en tu mente.
Para que un pensamiento pueda llegar a ser dominante debes tenerlo en tu mente al menos por 17 segundos, después de los cuales comenzará a atraer otros pensamientos similares a él y a poner en marcha las vibraciones consonantes con su esencia lo cual significa que esa parte del sistema reticular ascendente que regula el enfoque, comienza a funcionar para satisfacer tu deseo. Sin embargo no son suficientes los 17 segundos, entre más tiempo tengas ese pensamiento en tu cabeza acompañado de una emoción acorde, más poder darás a la reprogramación del sistema para ayudarte y si llegas a tenerlo en tu mente por 68 segundos la vibración que emitas será tan alta que ya comenzará la manifestación de tu deseo. (recordás la parte de mirar el mapa cada día al menos 5 minutos)
Recordá siempre que el pensamiento no es suficiente, el lenguaje del universo es vibracional, así a la par que piensas en tu deseo, encontrá las emociones acordes y emitilas. Podes usar tu cuerpo para generar sensaciones positivas, podes pararte, estirar los brazos, sonreír, etc. cualquier cosa que te haga entrar en un estado de vibración positiva. (Ahora te pido recuerdes que porque digo que el “Logrando Éxitos” no es solo armar el mapa, sino todo lo que se hace en las 5 jornadas)
Decidí cuál queres que sea tu pensamiento dominante porque la finalidad de este ejercicio es hacer de un pensamiento tuyo, uno dominante, entre más enfocado estés tendrás más poder de convertir ese pensamiento en el dominante y será ese al final el que se manifieste con mayor velocidad y efectividad en tu vida.
sábado, 9 de junio de 2012
Sobre la palabra hablada
sábado, 17 de marzo de 2012
La ley del desapego. por Deepak Chopra

Mirando una Red Social, encontré este texto compartido gentil y generosamente por mi amigo Gustavo Moyano. Y en este momento lo comparto con uds. Espero les sea de utilidad.
Esta ley dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado.
Es grande el poder que se deriva de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero yo.
El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo. La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.
El apego es producto de la conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener alegría y felicidad.
Entonces, los símbolos de la riqueza aparecen espontáneamente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisioneros del desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales, la desesperación silenciosa y la gravedad, características distintivas de una existencia mediocre y una conciencia de la pobreza.
La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo deseamos, y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos. La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad. Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras. La búsqueda de la seguridad es una ilusión. Según las antiguas tradiciones de sabiduría, la solución de todo este dilema reside en la sabiduría de la inseguridad o la sabiduría de la incertidumbre. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución, absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia. La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.
Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que experimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro propio espíritu. Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades. Si nos sentimos inseguros, estamos en el camino correcto, no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un enorme abanico de posibilidades.
Una de las características del campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el resultado esperado. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación.
Esta ley no obstaculiza la fijación de metas. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades.
La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las soluciones, solamente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la observamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre el caos y la confusión, entonces surgirá algo fabuloso y emocionante.
Cuando este estado de vigilancia, nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre, se suma a nuestra meta y a nuestra intención, nos permite aprovechar la oportunidad. ¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida.
Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abriremos a toda una gama de posibilidades, lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la emoción y la aventura.
Podremos ver cada problema de la vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la sabiduría de la incertidumbre, podremos permanecer alerta a las oportunidades. Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución aparecerá espontáneamente. Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente «buena suerte». La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad. Cuando los dos se mezclan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae beneficio y evolución para nosotros y para todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.Deepak Chopra
sábado, 25 de febrero de 2012
Tributo a mi gran amigo Pity Yñurrigarro

Sencillamente Pity
(transcripción del tributo aparecido el 05/01/2004 en Pagina 12)
Portaba un apellido tan raro –Yñurrigarro– que para casi todo el mundo era sencillamente Pity. Su voz como de canario y su espíritu casi infantil a la hora de las amistades remitían más a Tweety que al prototipo de los vascos ancestrales. Pero podía ser cabezadura. Fue durante casi un cuarto de siglo el manager de León Gieco, hasta que una enfermedad pulmonar se lo llevó al cielo de los empresarios, si es que existe. León lo conoció en uno de sus peores momentos: venía del exilio, el dinero no abundaba y el hombre que había manejado el primer tramo de su carrera, Daniel Melgarejo, que fue casi como su segundo padre, acababa de morir. Deprimido, se refugió en Piriápolis, en busca de paz interior. Allí fue a buscarlo el empresario musical Oscar López, que con sus tiempos siempre acelerados le dio un consejo sobre quién debía ser su nuevo representante. Lo definió así: “Pity Iñurrigarro, un concheto que no tiene nada que ver con el rock, no usa drogas, tiene plata y no te necesita, pero quiere laburar con vos”. León dudó, pero una serie de gestos de Pity lo convencieron. Nunca fueron amigos-amigos, pero desde el principio de los ‘80 hasta diciembre del 2003 León tuvo claro que había alguien dispuesto a financiar sus delirios, ponerse su camiseta y creer con fervor en la importancia de sus canciones.
Pity y León pensaron y llevaron adelante juntos, con Gustavo Santaolalla, De Ushuaia a La Quiaca, por ejemplo. “Fue muy importante que Pity se enganchara con la idea y me apoyara sin condicionamientos”, le contó León al periodista Oscar Finkelstein para el libro Crónica de un sueño. “Yo sé que si se me ocurre hacer algo que no tiene un rédito económico, como los conciertos de Pete Seeger en Buenos Aires, o si se me ocurre grabar un disco en el fondo del mar, él me va a apoyar.” Si no fueron amigos es porque vivían en dos planetas cuyas órbitas sólo se cruzaban por ellos. Pity era del country El Carmel, de Punta del Este y, al final, de Deepak Chopra. Al día siguiente de su muerte, la página fúnebre de La Nación se llenó de recordatorios de gente de su clase. Apellidos como García Belsunce, por ejemplo. Verlos juntos podía ser un espectáculo: al lado de la indumentaria neoza-patista de León, los trajes caros y las corbatas finas de Pity parecían de caricatura. Pero se trataban con un respeto de hermanos. “Leoncito me puede...”, confesaba aquel hombre de risa fácil y billetera difícil. El día que Página/12 festejó sus quince años, León sacó en público la cuenta de lo que había gastado en ese lapso y le resultó fácil: lo había comprado todos los días, desde el principio. Para Pity, un día no era un día si no leía La Nación.
Pity empezó su carrera cuando León se vino a Buenos Aires desde Cañada Rosquín, al terminar los ‘60. Pity era un habitué de los boliches de onda, mientras León se instalaba en una pensión de Moreno y Defensa. Antes de que León grabase su primer disco, Pity fue manager de Pintura Fresca –un grupo de la música por entonces llamada comercial, para separarla de la progresiva– hasta que un accidente terminó con la vida de tres de sus integrantes. Luego tomó a Banana, y fundó una agencia en sociedad con Mario Arenas, que aportó Trocha Angosta. Todo muy zona norte, muy drinks al lado de la pileta, muy in. Pero había en Pity una curiosidad personal y una avidez por nuevos negocios que lo fueron acercando de a poco al terreno del rock, con cuyos empresarios popes –Daniel Grinbank, Oscar López y Alberto Ohanian– tuvo sociedades más o menos efímeras. Sus amigos decían que era una fiera a la hora de vender shows y garantizarles a los artistas las mejores remuneraciones. Sus enemigos le imputaban su incapacidad para generar proyectos artísticos nuevos. “Toma lo que ya existe y lo explota al máximo”, decían.
Como fuese, en los ‘80 produjo, en Argentina y Uruguay, una cantidad impresionante de discos y espectáculos de artistas como Mercedes Sosa, Charly García, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, Nacha Guevara, Les Luthiers, Joan Manuel Serrat, Luis Alberto Spinetta, Alejandro Lerner, Rubén Rada, Fabulosos Cadillacs, entre otros negocios, como una sociedad con Gato Dumas para la concesión de las comidas a bordo de Buquebús. En la segunda mitad de los ‘90 intentó un show del tenor español José Carreras en el Hipódromo de Palermo y una suspensión por lluvia le produjo una debacle financiera que capeó de a poco, remando y tragándose el orgullo de no deberle mucho a nadie. El día en que Charly García lo insultó desde el escenario, después de haber faltado a su propio show, Pity caminaba como un poseso por el hall del Opera, su corbata de moño chiquito definitivamente desacomodada: “La culpa es mía”, repetía como un mantra. Pero desde siempre le gustaban los grandes proyectos, por eso organizó hitos como Encuentro, es decir Iván Lins, León, Spinetta y Pedro Aznar juntos en una velada mágica, o El Gran Concierto, con Milton Nascimento, Mercedes, León y Kleiton y Kledir.
Cuando León lo despidió en sus shows de diciembre en el Luna, todavía no estaba recuperado del impacto de su sorpresivo adiós. Para los que conocieron el otro lado de la organización de espectáculos desde el retorno de la democracia hasta hoy, siempre faltará alguien a la hora de pensar en esos recitales enormes, en que todo sale como se esperaba porque hubo alguien a cargo de todos los detalles, incluso los más incómodos, como el dinero. En esas ocasiones Pity sólo se quedaba tranquilo cuando las luces se apagaban y el imán del escenario atraía la atención de la gente. “Esto lo hice yo”, murmuraba, los brazos en jarra, mirando a la multitud como el capitán de un trasatlántico a su tripulación.

